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El pandero de Gabriela


 
"Danos entrañas de misericordia
frente a toda miseria humana
Inspíranos el gesto y la palabra oportuna
frente al hermano solo y desamparado.
Ayúdanos a mostrarnos disponibles
ante quien se siente explotado y deprimido.

Que tu iglesia, Señor, sea un recinto
de verdad y amor, de libertad,
de justicia y de paz,
para que todos encuentren en ella
un motivo para seguir esperando".

Tomado de las Plegarias Eucarísticas Vb y Vc

 




Tenía yo como 20 años y vivía una de las mejores etapas de mi vida.

Me encontraba en un ambiente en el que había familias, jóvenes, adultos, niños. Y aunque venía de una familia numerosa y no podía decir que careciera de nada material, sí había algo de lo que yo había carecido hasta ese momento. El cariño manifestado de forma tangible, en una sonrisa, un abrazo, una palabra. En esos años, que fueron unos cinco o seis, recibí continuamente muestras de cariño y afecto de toda esa comunidad. Era el amor cristiano manifestado en hechos concretos, un amor que sanaba a la persona, la levantaba, la liberaba y luego, esa persona se convertía a su vez en sal de la tierra, y comenzaba a dar de lo que le habían dado, a compartir de esa gracia que recibía de la convivencia con todos estos hermanos y hermanas.

Aún recuerdo, como si fuera ayer, sus rostros, sus palabras, sus sonrisas, sus cantos.

Hace unos días, entré como lo he hecho esporádicamente a una de las asambleas virtuales a través de las redes sociales (algo que esa comunidad ya hacía antes de la pandemia) de los viernes, asambleas de oración a las que asistí presencialmente en esos años, de forma ininterrumpida. La asamblea la dirigía uno de esos grandes hermanos que conocí, Arturo. Después de unos minutos de oración y canto, invitó a alguno de los presentes a dar su testimonio por el reciente Pentecostés. Como no hubo respuesta de inmediato, él comenzó a dar un testimonio personal, y ahí me enteré de que a fines del año pasado había fallecido su esposa, Gabriela (Gaby) Polanco, y apenas ahora finalmente comenzaba a encontrar paz ante la pérdida.

Desde antes que yo me uniera a este grupo, ella se distinguía por un servicio, era parte del equipo que cantaba, el coro, y además de la voz, tocaba el pandero. Y siempre estaba ahí. Discreta pero aportando sus virtudes a la asamblea. Pero no solo tenía un oído musical y el ritmo adecuado para las percusiones, también tenía un corazón grande, se sabía querida por Dios y por tanto, buscaba expresar lo mismo a los demás, a quienes estaban cerca de ella.

Y fue ella uno de los instrumentos predilectos que usó Dios, para mostrarnos a gentes como yo, que Él era bueno, misericordioso. Ella y una palabra o una sonrisa le decían al recién llegado: Tus pecados te son perdonados, no llores más, levántate y canta. Siempre era un gusto encontrarla al final de alguna reunión o al inicio y conversar, y a ella también le daba gusto. Y uno descubría a un Dios cercano, humano, que se alegraba de que yo estuviera ahí.

Hace algunos años escribí algo que titulé "Alguna vez fui bueno", y si lo fui, fue por el Dios que me mostraron personas como ella, que me brindaron el gesto y la palabra oportunas para comenzar a unir el montón de pedazos que era yo en ese tiempo.

Hoy, después de muchos años, me entero que ella ha fallecido, y sé que hasta sus últimos días, ella siguió haciendo lo mismo, en su grupo y en su familia, con su esposo e hijos, y por el testimonio de Arturo, me alegro que hayan encontrado la paz y la aceptación.

Sirvan estas líneas como un pequeño homenaje, de un hombre que ya no asiste a ritos religiosos, que ya no ora ni canta salmos, pero que se alegra por aquellos que aún lo hacen y son felices y siguen siendo instrumentos de un Dios misericordioso para llegar a muchos lastimados, incompletos, menospreciados y extraviados. 

De un hombre que alguna vez fue bueno, que ya no va la Iglesia, y sin embargo, en ocasiones se descubre como profesor tratando de que los estudiantes encuentren el gesto y la palabra oportunos, y reciban más de una oportunidad para recuperarse, y si es necesario (todavía no pasa) que alguna vez deba decir por qué lo hace, responda que se debe a que alguna vez fue tratado así, que encontró a un Dios misericordioso, humano y compasivo. 

El Dios que me mostró Gaby Polanco.




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