La tía Melina

"Has vuelto
Melina
Tus ojos reflejan el dolor
Y tu alma el amor
La huella de tu canto
Echó raíces
Melina
Y vuelven a reír
Tus ojos grises
Melina"
Camilo Sesto



- ¿Y cómo está el Pueblo, Tía?

- Igual de bonito


 











El Campanario de Atzalan, Ver



Era una prima de mi madre.

Vivía en el pueblo en donde las dos habían crecido. Luego mi madre emigró a la ciudad para estudiar y la tía Melina se quedó viendo por sus hijos, que fueron muchos, como cinco, más o menos. No sé o no recuerdo si fue madre soltera o enviudó muy joven.

Años después, en los tiempos de niñez y adolescencia recuerdo que cada cierto tiempo la tía Melina visitaba a mi madre, a veces, antes o después de haber ido al Seguro Social por chequeo médico, o por otros asuntos.

Siempre llegaba con algo, generalmente con comida del pueblo: Chilehuates (tamales de calabaza con frijoles tiernos y cebolla, sin carne, tamales de pobres, pero muy sabrosos), calates (unas ranitas de patas muy largas, secos que se podían comer en tortas, en caldo o fritas), o buñuelos, aguacates, manzanas, peras, ciruelas, capulines, etc.




Era un poco gordita, alta, chapeada y de nariz afilada, siempre sonriente. Una gran conversadora. Se pasaban horas hablando con mi madre, poniéndose al tanto de lo que había pasado con las gentes del pueblo en los últimos meses. Como mucha gente en el pueblo, y en otros lugares, era común que hablara de los familiares o amigos anteponiendo los artículos el o la, la Gloria, el Beto, la Inés, y por alguna razón eso hacía de su conversación algo entrañable porque no era en un tono despectivo sino al revés, significaba una gran cercanía, un gran cariño hacia la familia y personas que conocían en común.

Todo en relación a ella denotaba cierta ternura, el trato hacia los demás, lo que pensaba de ellos, a pesar de que sufrió mucho y algunas gentes no la trataron igual, ella no solía hablar mal de los otros, el cariño por mi madre, los hermanos de mi madre y mi abuela. Y un rasgo que mostraba con claridad su actitud hacia la vida y que se ha quedado grabado en mi memoria y siempre apreciaré fue que cada vez que ella llegaba a la casa de visita y yo la saludaba y le preguntaba por el pueblo, que cómo estaba, invariablemente, ella respondía:

- Igual de bonito

Una pequeña frase impregnada de un gran optimismo y confianza, y de gratitud.

Pensando en la tía Melina, pienso que si nuestra vida tiene algún valor, si no lo es por lo bueno que hayamos hecho o lo buenos que hayamos sido, sí lo es por esas personas que tuvimos la suerte de conocer y la oportunidad de ver y apreciar la bondad que había en ellas, y tenerlas en la memoria.

Y ahí siguen, en mi memoria, Atzalan, su neblina, los calates, y la tía Melina.





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