Temporada de mandarinas

"Los hombres sin historia son la historia

grano a grano se forman largas playas

y luego viene el viento y las revuelve

borrando las pisadas y los nombres"

Silvio Rodríguez



Leía hace unos días en una de esas notas que aparecen en el teléfono, de esas que a veces uno solo lee el título o las primeras líneas, que se recomendaba comprar mandarinas porque era su tiempo.




No pude recordar la última vez que comí una, quizá al inicio del año, pero sí recordé el sabor, su cáscara delgada fácil de quitar, su sabor dulce y fresco, repartido en gajos carnosos. Y por supuesto, ese increíble color naranja, similar al de las gradas en la carrera de F1 en Países Bajos que ocurrió el fin de semana pasado.


Su color, su sabor, su textura, so aroma, son un gusto, un pequeño festejo.


En esta temporada de mandarinas también inicia un semestre, y una nueva oportunidad de crear, de pintar en el lienzo del aula, no importa que sea virtual, una nueva oportunidad para transmitir esperanza, para cuestionar, para hacer pensar y despertar conciencias.


En esta temporada también hay oportunidad para revisar lo andado, seguir intentando amar de una forma menos complicada, aceptar que unos están llamados a ser protagonistas y otros a ser mas bien observadores de la historia, y que eso está bien. Recordar bailar al propio ritmo, recordar la paciencia, el inmenso placer del silencio y la quietud, de la no expectativa, recordar la simplicidad y su belleza, así como la vemos en una mandarina.

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