Empatía

"No pueden matarme,

lo que yo era,

murió el día que me quitaron la confianza para entrar en un aula"

Profesor G (Samuel L. Jackson)
en la película 187, Código de muerte


No sé hasta qué punto la gente que ha nacido entre ganadores, o a la que se le ha educado para ser ganador, para ser el primero, para lograr metas, al costo que sea, podría ser empático con otra persona.

Decían que un entrenador, algunos dicen que el mejor de los que ha habido, dijo alguna vez: la victoria no es lo mejor, es lo único.

Por eso será tal vez que hay quienes pierden y no lo aceptan.

Pero si no aceptamos de suyo esa frase, solo porque lo haya dicho ese entrenador, podemos pensar que el fracaso también enseña, lo mismo que el descrédito, la burla, o la difamación.

Me vienen esas ideas a la cabeza porque leo esta nota y no sé qué tan buenas han sido mis elecciones, pero desde adolescente, decidí optar por dos equipos de futbol, americano y soccer. Fueron ganadores en ese tiempo, los ochentas, y no lo volvieron a ser.

Uno de ellos es este equipo, los Pieles Rojas de Washington. Recuerdo que compré una gorra del equipo.

Le van a cambiar de nombre por supuestamente ser una ofensa para los pueblos originarios. Honestamente, creo que no era ofensivo. Quizá las razones sean otras.

El caso es que aunque en treinta años no volvieron a ganar, no creo haber elegido mal.

Así es la vida, se toman decisiones y hay muchos factores en juego que definen los resultados.

Quedará en el recuerdo ese equipo, quedarán ahí sus victorias, y luego se diluirán en el tiempo.

Así las personas. Algunos serán recordados por sus múltiples victorias, otros, por una victoria, y otros serán recordados más bien por sus fracasos o sus errores. Y luego se diluirán también en el tiempo.

A eso, un viejo escritor y sacerdote católico le llamó la ley de la transitoriedad.

Es la vida, y entre más pronto la aceptemos como es, más pronto llegará la paz.

El otro equipo, por cierto, es el Cruz Azul.



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