La muchacha de los dientes blancos

Aquí se queda la clara

la entrañable transparencia

de tu querida presencia…

Carlos Puebla



Hoy viene a mí la damisela soledad

Con pamela, impertinentes y botón

De amapola en el oleaje de sus vuelos.

Hoy la voluble señorita es amistad

Y acaricia finalmente el corazón

Con su más delgado pétalo de hielo.”

Silvio Rodríguez



Nunca olvidaré sus blancos dientes.


Fue a finales de los 80's cuando la conocí, en un grupo de jóvenes mayormente, dentro de la iglesia católica, al que me invitó un compañero de la preparatoria.



Catedral vista desde la Calle Enriquez,
en el centro de Xalapa


Era la cuarta de cinco hermanos, originarios de una ciudad al norte de Veracruz, pero se habían mudado a Xalapa para estudiar en la Universidad Veracruzana, donde yo también estudié. Habían llegado según su edad. Cuando los conocí, estaba terminando su carrera la segunda de ellos, así que conviví con los últimos tres unos cinco años, más o menos. Se llamaba Ernestina, Ernestina del Angel, pero todos la conocimos siempre como Tina.


Convivía más con ella porque era la más cercana a mi edad, estaba la hermana mayor y un hermano menor.


La convivencia se hizo mayor en relación a los demás jóvenes porque solíamos volver a nuestras casas por el mismo camino, y el departamento donde vivían me quedaba de paso a mí, que vivía más lejos. Además de eso, también coincidimos por un tiempo en una actividad que se hacía los viernes, visitar un asilo de ancianos, y solíamos coincidir en el camino de ida o de venida.



Puente Xallitic en el centro de Xalapa


Tenía diversas cualidades, una excelente conversadora, aunque generalmente era reservada, cantaba muy bien, de hecho, era parte del coro de ese grupo al que pertenecíamos, era muy solidaria, y de una belleza indígena bastante discreta, pero quizá lo que más recuerdo, tal vez porque contrastaba con su piel morena, eran sus increíbles dientes blancos, que cuando sonreía, era como si iluminaran el espacio. Quería a su familia y a sus amigos, responsable, entre otras.


No obstante, como todos, tenía ciertos defectos. Le era difícil perdonar si la ofendían y se retraía cuando se deprimía o se enojaba, y eso no siempre duraba poco. Y luego se sentía culpable. Acerca de su carrera, ella estudió ingeniería, pero siempre le gustó la flauta transversal y hubiera sido muy feliz por entrar a la facultad de música de la Universidad Veracruzana. Sin embargo, atrapada como muchos en ciertas ideas familiares y sociales, de que se moriría de hambre si estudiaba música, por ejemplo, amén de que era una carrera más larga, se decidió por la ingeniería, aunque siempre mostró que era más una obligación que un gusto.

Con todo, teníamos una buena relación de amistad.  

Recuerdo su hermosa sonrisa, y recuerdo también que de las mujeres que había conocido hasta el momento, casi con veinte años, era la primera amiga que tuve. Recuerdo algunas tardes de domingo jugando lotería con sus hermanos en su pequeño departamento, comiendo o cenando con ellos y escuchando a Silvio Rodríguez, fue por ellos que conocí su música. Fue el tiempo de más sencillez, de más simplicidad que recuerdo de la juventud. Ser feliz con poco.



Barrio Xallitic, visto desde el puente,
centro de Xalapa

Pasó el tiempo, yo dejé el grupo. Años después supe que se había mudado al DF para seguir sus estudios, donde conoció a alguien, se casó y luego se fue a Francia, o fue al revés, no recuerdo bien. Volvió a México y se instaló en Xalapa nuevamente. Alguna vez intercambiamos algunos mensajes por correo pero la distancia impidió que la amistad fuera igual.






El 9 de junio me avisaron que murió. La habían operado de un tumor hacía más de un año, pero el problema no se había resuelto. Estuvo grave los últimos días, y finalmente se rindió. Dejó una hija.


Es todo lo que sé.


Siempre he dicho que lo que soy, lo bueno que puede haber en mí, lo que aún queda, es producto de las personas que he conocido. Es cierto que la familia influye, a fuerzas, para bien o para mal, pero los amigos uno los elije. Y ella es parte de un conjunto de amigos que tuvieron una fuerte influencia en mí. Si aún fuera creyente, daría gracias a Dios por haberme encontrado gente así. Hoy solo puedo decir que soy afortunado porque si bien la niñez y la adolescencia fueron etapas más bien tristes, el inicio de la juventud fue diferente gracias a personas como ella.


Agrego finalmente, que si existe en mí algo de bondad, algo de sencillez para disfrutar de las cosas simples, si puedo disfrutar de la música, de una caminata, de la compañía de una persona sin estarse cuidando las espaldas, entonces ella sigue viva, como lo está en la vida de sus hermanos y amigos.


Gracias Tina y hasta siempre.


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