El martes es el día libre de Lulú

"Más que besarla, 
más que acostarnos juntos, 
más que ninguna otra cosa, 
ella me daba la mano y eso era amor" 
M. Benedetti



Era una tienda grande, en una ciudad grande. En medio de la multitud se encontraba parado, indeciso, si preguntar o no. Como el interés era más grande que la pena se acercó al mostrador, bueno, a uno de los mostradores, porque había varios según la marca, de perfumes femeninos. En el mostrador donde se acercó no había nadie atendiendo, esperaba que alguna de las damas que trabajaban ahí se acercara de inmediato, y es que estar en un mostrador de perfumes femeninos podía ser peligroso, sobre todo si se vive en un país como éste, donde hacer juicios de todo y de todos, es casi un deporte nacional.

En esos momentos donde uno se acuerda de aquellas reflexiones de Einstein acerca de lo relativo del tiempo, después de unos segundos que se hicieron como varios años, finalmente apareció una encargada muy amable. Preguntó por el perfume que buscaba, y de inmediato le dijo: busco J´adore de Dior. Ella le dijo que si no le interesaba ver algún perfume de Carolina Herrera. En ese momento se dio cuenta que estaba en el mostrador con el nombre en grandes letras de esta dama. Le respondió que le agradecía el ofrecimiento, pero que específicamente buscaba ese perfume. Ante tanta convicción de lo que buscaba, a la encargada de los perfumes CH no le quedó más que decirle que los perfumes de Dior estaban al fondo, y efectivamente, al fondo pudo ver otro letrero tan grande como el que acababa de ver.


Se acercó al mostrador y vio a dos damas, una de ellas, la encargada de los perfumes de esa marca le aplicaba algo a la otra dama quien se encontraba sentada observándose en el espejo acerca de los cambios que esperaba ver con esa crema o algo similar. Se dirigió a la encargada: estoy buscando un perfume de la marca Dior. Ante el atisbo en la mirada de la encargada de para quién sería el perfume, el cliente le dijo: Hace un tiempo una mujer me dijo que el perfume que usa es J´adore de Dior, y me interesa conocer ese aroma.

No supo bien qué es lo que él vio en la mirada de la encargada después que le explicó la razón por la que él estaba ahí, quizá fue compasión, ternura, envidia o una mezcla de todos esos sabores. Sea lo que haya sido, sintió que a partir de ese momento esa mujer era su cómplice. Ella le explicó que era un perfume que anunciaba Charlize Theron, y que había de distintos tipos...después de escuchar por un momento, le preguntó: de esos que ha mencionado, ¿cuál cree que use una mujer de mediana edad, elegante y guapa, pero que trata de pasar inadvertida? Le iba a decir más cosas de ella, cuando la encargada lo interrumpió: definitivamente debe ser Eau de Perfume, y agregó

"esta fragancia es la encarnación de la feminidad absoluta en un opulento bouquet floral-afrutado, despega sobre un acuerdo fresco de rosas con un delicado fondo de jazmín, las líneas sensuales, curvilíneas de su frasco de ánfora lo convierten en un perfume legendario".


Las palabras dichas por la encargada le hicieron imaginar la imagen que él tenía de la mujer que usaba este perfume...feminidad absoluta, sí, era cierto...aroma de rosas, jazmín, líneas sensuales...perfume legendario, sí, efectivamente esa mujer era como el perfume, de líneas sensuales y legendaria, y además, su aroma era de rosas con un fondo de jazmín.


En eso pensaba cuando se acercó su cómplice con una tarjeta en la que había rociado un poco de ese perfume de opulento bouquet florar-afrutado. Aspirar ese perfume por primera vez fue como tocar a esa mujer que aún no veía en persona, fue como si la abrazara y muy cerca de su pelo y de su cuello hubiera captado esa fragancia, fragancia de feminidad absoluta.

Después de esos segundos de éxtasis, le dijo a la encargada que volvería mañana a comprar esa ánfora que encerraba la definición de la mujer en quien pensaba. La encargada dijo llamarse Lulú y que el martes, es decir, al día siguiente, era su día libre, pero que le daría mucho gusto atenderlo el miércoles.

Puesto que Lulú le había abierto la puerta a este nuevo mundo definido por los aromas, y más aún, lo había acercado a la mujer por la que él estaba ahí, le pareció justo que fuera Lulú la que recibiera el crédito de la transacción.

Lulú obtendría su comisión por la venta de un perfume y él ahora tenía algo tangible, algo real de aquella mujer a la que todavía no tocaba.



Publicado en mayo de 2011

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