La música y el dolor







La conocí hace unos pocos años, le dí clases el primer año de bachillerato.
Era una muchacha más bien callada, no obstante preguntaba cuando era necesario
y siempre le fue bien, a secas.

Hacia fines del segundo semestre supe que le gustaba la música,
tocaba el bajo, y se había integrado al grupo de música de la escuela.
Alguna vez la vi tocar con ellos, y se veía feliz.

Para el segundo año de bachillerato, no le di clase, pero la veía ocasionalmente por los pasillos y la saludaba cuando podía.

En una ocasión, caminaba por un pasillo y la vi a lo lejos, cuando
se acercaba a otro exalumno, y vi cómo ella le dio un golpe a la altura del cuello,
y por la espalda. Ella se veía enojada. El exalumno se volteó y
alcanzó a tomarle el brazo, pero en el momento que ella me vio,
se dio la vuelta y se fue...

No averigué más, acerca de quién agredió primero,
pero fue a ella a quien vi agredir, quizá con justificación, quizá no.

Supe por otro lado que por falta de recursos, el grupo de música
se canceló.

Es difícil saberlo pero ¿hasta qué punto la música puede ser una
válvula de escape para liberarse de los demonios internos?

Es posible que haya otros factores y que no exista correlación entre
la música y esa actitud hostil que vi en esa exalumna.

Lo cierto es que no se necesita mucho para hacer de un muchacho
o muchacha, una persona hostil, desconfiada de todos, como si
fuera una fiera acorralada que supone que todos quieren agredirla,
y con el tiempo son incapaces, ya no de amar, sino de creer que
alguien la pueda amar.

Espero que Ashley (no es su nombre real, pero parecido) no corra esa suerte,
y que siga tocando el bajo.

Donde quiera que esté.


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