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Vivo andando



Después de muchos años vividos, caigo en la cuenta de que para mí, la vida ha sido caminar.

Algunos de los recuerdos que tengo de la niñez son de ir caminando o de un camino, generalmente con mi abuelo o con mi padre, del rancho donde criaban algunas vacas al pueblo donde vivían los abuelos. Recuerdo la primera vez que caminé solo desde la carretera federal (pavimentada) hasta el pueblo, unos diez kilómetros, que para un crío de 12 años, era una distancia de respeto.

Recuerdo el caminar de mi abuelo, pausado, firme. Recuerdo sus relatos. Recuerdo el gusto por ver el pueblo en el horizonte, tener el gusto de haber cubierto una distancia y alcanzado la meta.

Caminé a la escuela, en el nivel secundaria. Luego en la preparatoria. Se convirtió en un reto bajar los tiempos, amén de que era un camino que primero subía por la falda de un cerro y luego bajaba para llegar a la escuela. Fue en una de esas caminatas, bajo un aguacero, que tomé mis primeras decisiones, que han sido buenas y malas, pero mis propias decisiones. No era buen estudiante en esos años y había reprobado materias que se iban acumulando después del segundo año. Y ese día, caminando bajo un aguacero, de vuelta a casa, decidí que me daría de baja y empezaría de nuevo en otra escuela. Y lo hice.  (Caminar por reflexión)


Luego, en la universidad, los últimos años de estudio también caminaba al regreso. Significaba cruzar la ciudad y significaba subir la mayor parte del camino. Eran unos 40 minutos caminando rápido. En ese momento no lo sabía pero eran unos 5 km, de lunes a viernes. Ese periodo de universidad y ese caminar después de las clases era una especie de castigo, pues me había atrasado en los años de estudio y significaba una vergüenza para mí, pedir dinero a mi madre para ir a clases, por tanto, de esa forma gastaba lo mínimo posible.  (Caminar por redención)

Hubo un tiempo que viví en la Ciudad de México, con unos familiares cuya casa estaba en las afueras de la ciudad, en las montañas y la parada del camión estaba a unos 20 minutos caminando, una subida y una bajada. Era una caminata por necesidad, no había de otra. Y luego en esta ciudad, hace unos 20 años, los primeros meses, sin carro, caminaba también, de la casa al trabajo, a comprar víveres, etc. (Caminar por necesidad)

Pero luego, con el primer coche que tuve y de ahí hacia acá, pasaron unos diez años, tal vez más, que la actividad física disminuyó. Dejé de caminar. No recuerdo un cambio en la actitud o en la claridad de pensamiento, pero físicamente si me afectó.  (Ausencia de caminar)


No obstante, desde hace un año comencé a caminar de nuevo, varios kilómetros a la semana. Ahora es por necesidad pero también es un disfrute y más aún, caminar solo, en una pista a cierta hora, donde no hay nadie. Árboles, pájaros y una pista para ser caminada sin interrupciones. Camino pensando, camino revisando lo vivido, escuchando blues, observando el cielo, las nubes, recordando el pasado, cuando caminaba siendo niño, adolescente, de joven, cuando caminaba con una mujer al lado.

Al llegar a la casa, me quito los zapatos y veo mis pies. Veo mis pies y veo el camino, veo mis pies y veo el esfuerzo, recuerdo la tentación de parar o de haber caído y no levantarse.

Hasta ahora, sigo caminando, por necesidad, por placer.

Es algo que necesito, pero es algo que disfruto.






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