De los últimos años vividos




(Escrito y publicado el último día de 2019. Revisado y corregido dos días y medio después de iniciado 2021)

Para mis pocos lectores, de diversos lugares, 
por haberse detenido el año pasado a leer este blog.





"La dejó a unos metros de su casa, 
después de traerla de su trabajo. 
Era después de la media noche. 
Ella se veía cansada pero a pesar de eso devoró 
un sandwich y un jugo en el camino.
Cuando ella se despidió dándole gracias por todo, 
y viéndola alejarse, él pensó:

- Si tú me lo pidieras, sin pensarlo,
yo te doy mi vida"




Considero que la mejor forma de iniciar un año, no es pedir, sino agradecer.
Hay que dar gracias, siempre.
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En 1990 se estrenó una película, Despertares, con Robert de Niro y Robin Williams. La historia iba acerca de un médico que observa que ciertos pacientes en estado catatónico, casi vegetativo, podían reaccionar a ciertos impulsos, si se le daban los motivos suficientes, podía ser la reconstrucción de un patrón o cierto tipo de música. Entre los pacientes que trata se encuentra con Leonard, y es en quien centra sus estudios y en quien por primera vez prueba una droga que se usaba para otra enfermedad. Maravillosamente, esa droga permite que los pacientes despierten de su letargo y vuelvan a ser como cualquier persona.

Lamentablemente la droga no funciona bien para siempre y después de un tiempo, los pacientes regresan a su estado original. No obstante, en los días que Leonard está "despierto", le muestra a los cercanos a él, empezando por el doctor la alegría de lo simple, les recuerda lo valioso de vivir y disfrutar de las cosas, de apreciar la belleza, el color, la música, las personas, los placeres. Leonard regresa a su estado catatónico, pero los días que estuvo despierto los disfrutó y además, fue una enseñanza para los que estaban junto a él.
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Para mí, la última década fue como ese periodo en el que Leonard estuvo despierto. Para él fueron unos días, para mí han sido diez años.

A fines de la década pasada, yo había dejado la religión después de haber creído que había un dios bueno que veía por sus hijos y así como me habían dicho buenos amigos católicos, esperaba que él me proveyera de una mujer buena con la que yo formara una familia cristiana. Después de haber creído y esperado que eso se cumpliera desde los veinte años, antes de 2010 dejé la religión a un lado y decidí seguir mi camino. Sabía que era un riesgo pero lo tomé y además, en ese salto al vacío, yo también dejaba la idea de formar una familia, y de encontrar a una mujer que me quisiera, o al menos, que dejara que yo la quisiera.

Fue a mitad de 2008 que conocí a una mujer, sin esperarla, sin cortejarla. Ella se acercó a mí, me dijo que me quería. Fueron cinco meses, pero eso fue el inicio de algo parecido a lo que ocurrió con Leonard en la película. Despertar a la vida, a la experiencia de saberse importante para alguien y en consecuencia, estar dispuesto a dar todo, no una parte, no lo que sobra, sino todo hacia esa persona.

Y aunque ella se fue después de esos meses, después vinieron más, algunas de otros países, la mayoría de esta ciudad, pero con todas hubo un momento en que yo vi en sus ojos interés, aprecio, cariño, atención, lo sentí en su abrazo y en sus besos, en sus caricias.

De entre todas ellas, destaco dos relaciones, las que duraron más, las más profundas. Cada una fue casi la certeza de que podía vivir con ellas hasta el fin de mis días.

Defectos, claro, tenían defectos, pero yo tengo más, y a pesar de eso, veía en ellas un gusto al estar conmigo, una alegría genuina por charlar conmigo. Creo que nunca perdí de vista que en esas relaciones y después de lo que yo había decidido años atrás, en sus rostros veía a la vida siendo generosa conmigo.

Escribo esto porque este año se terminó la última de esas relaciones, y aunque sigo pensando que aquí el más y principal agradecido soy yo por el privilegio de haber sido amado por ellas en su momento, lo único que lamento es no haberme dado cuenta de la fecha de caducidad de las mismas. Una cosa es que yo haya pensado que podían ser para siempre, y otra lo que ellas pensaban o esperaban de mí. Lamento ciertas discusiones que no debieron existir, un rostro que se giraba para que yo no lo besara o un abrazo pedido, no como los primeros, dados con deseo de percibir el latido del otro. Lamento mucho no haberme ido a tiempo.

No obstante, esa tristeza por el desamor, la incomprensión o el olvido, no impidió que no me diera cuenta que a pesar de los bemoles, era necesario dar gracias.

Debo dar gracias a todas ellas, porque independientemente de las razones que hayan tenido para permitir que yo me acercara a ellas, aunque ellas se hayan equivocado al elegirme y hasta se hayan arrepentido, lo que hicieron conmigo no lo pueden cambiar.

Y es algo comparable con ese agradecimiento que Leonard expresó al doctor, así como los demás pacientes. Estos diez años fui un hombre vivo, un hombre con esperanza, aprendí a hacer poemas, a construir historias, comencé a dibujar, a pintar, aprendí a planear un viaje y a disfrutar del mismo, aprendí a apreciar la música, aprendí a observar la belleza de una mujer más allá de su físico, la belleza de su voz, de su caminar, de su olor, de su risa.

Estos diez años me enseñaron más de generosidad, comprensión, respeto, consideración y atención hacia la otra persona, que treinta años de católico.

No tengo más que decir. Les agradezco a todas, a cada una.

Me dijeron hace poco que se notaba que no olvidaba aún a la que se había ido hace unos meses. Y contesté que en realidad, no he olvidado a ninguna de ellas.

Cada una de ellas con sus propias luchas, sus propios objetivos, me consideraron parte de su vida en algún momento y después continuaron su camino porque así decidieron que era mejor. Estuvo bien.

Hace unas semanas escuché una canción de Silvio Rodríguez, no es nueva, pero apenas la conocí. Se la dedica a una mujer llamada Paula.

Yo no conozco a ninguna Paula que yo haya querido, pero a todas las que quise, y aún quiero, las quise como se quiere a Paula en esta canción.





Termino este escrito 10 minutos antes de que acabe este año.

Diciembre, 2019











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