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El gusto de conversar y la relatividad del tiempo

(Publicado originalmente en marzo de 2009, revisado en septiembre de 2019 y en junio de 2021)



Para la musa sin musa.

Algunos investigadores hablan acerca de que la inteligencia humana no es una, sino varias, o quizá, que la inteligencia tiene diferentes caras. El caso es que sean diferentes tipos de inteligencia o que ella tenga diferentes facetas, el caso es que no únicamente una escultura, una pieza musical o una obra arquitectónica, una ecuación matemática o una fórmula química bien usada, una decisión política o el diagnóstico acertado de un paciente pueden mostrar señales de un cierto tipo de inteligencia.

Uno de estos tipos de inteligencia se denomina “inteligencia emocional”. No sé aún exactamente la forma en que ésta se define o lo que implica pero he pensado que en ciertas ocasiones nos recriminamos porque no obtenemos un 10 en matemáticas, nos dicen que no razonamos bien, nos dicen tontos o pendejos por no tomar buenas decisiones o no defender los propios derechos con energía como lo haría cualquier otro. Somos torpes en los deportes o en bailar o en tocar algún instrumento. Nunca compondremos una gran pieza musical ni escribiremos un gran libro ni pintaremos un cuadro valuado en millones de pesos... Y a pesar de eso, podemos tener otras habilidades que hablan de otra inteligencia.

Hablar de la inteligencia y de los tipos de inteligencia, necesariamente lleva al problema de definir la inteligencia. Los investigadores no se ponen de acuerdo, pero alguna que leí por ahí dice que es una habilidad para obtener cierto grado de placer en lograr un objetivo.

Recuerdo un par de películas, dos escenas. La primera es de la película “Mejor...imposible” con Jack Nicholson y Helen Hunt (As good as it gets)...la pareja está cenando en un restaurant y él le dice lo que según ella es el mejor cumplido que escuchó: me pregunto cómo la gente a las que atiendes no se dan cuenta de que los atiende la mujer más increíble del mundo... 

La segunda película se llama Rapsodia en Agosto, dirigida por Akira Kurosawa (Rapsody in August). Hay una escena en la película en la que una anciana (alrededor de la cual gira toda la historia) recibe en su casa a una amiga que va a visitarla, se sientan en un salón amplio a la usanza japonesa, están a una gran distancia, y sólo se miran. Después que la visita se va, sus nietos le preguntan a la anciana que qué fue lo que hicieron ella y su visita, ella responde que estuvieron platicando. Y los nietos se quedan sorprendidos porque nunca las vieron hablar...otra conversación.


Dentro de los momentos que más recuerdo están algunas conversaciones, algunas fortuitas, otras planeadas, algunas de noche y otras de día: algunas con mi abuelo, otras con algunos amigos y otras con algunas amigas, en una casa o en un restaurante, en persona o por redes sociales.

En particular, me acuerdo de una, fue con una mujer, creo que la más hermosa mujer con la que he estado. Comimos en un restaurante japonés. Era de una plática fluida, de aquellas conversaciones que no son un interrogatorio, aunque hay preguntas...no son una confesión, aunque se logra conocer a la persona, donde se percibe confianza, gusto de estar con esa persona...el tiempo se detiene...el intercambio de ideas y puntos de vista se convierte como una obra musical donde cuando un instrumento calla el otro continua ahí mismo sin perder el ritmo ni la armonía...pero quizá lo que más recuerdo fue que ella reía, y varias veces lo que provocó su risa fue algún comentario que hice, algún uso particular del lenguaje, una broma, etc. Y lograr eso fue un placer.

Así se fueron como tres horas sin sentirlo, todavía cuando nos despedimos en el estacionamiento me dijo que había manejado descalza porque no podía oprimir el acelerador con zapatillas. Y ya cuando cada quien estaba en su carro, me mostró en su mano las zapatillas, riéndose nuevamente. Fue el colofón. El final de uno de los mejores momentos que vivido.

No imaginé que un momento así no volvería a repetirse. Creo que la vi un par de veces más, pero no en iguales circunstancias.

Quizá un hombre con otro tipo de inteligencia, la habría desposado o habría al menos logrado pasar la noche con ella o habría logrado otras muchas cenas como esa.
 
Se dice que el objetivo de la vida no es el final del viaje, sino el viaje en sí...creo que no me había fijado que las conversaciones pueden no ser sólo buenas por lograr el objetivo que se persigue con ellas, sino por el momento en sí, por el puente que se construye en esos minutos, donde dos personas están atentas una a la otra, emitiendo y recibiendo mensajes con todos los sentidos y donde la más de las veces se logra el placer de hacer sentir bien a la otra persona, sólo porque uno se sentía bien estando allí.

Dices algo, te respondo
me respondes y ves por la ventana
te respondo y veo la mesa
respondes y me miras
te respondo...y ríes
nos miramos...
silencio...y empezamos de nuevo
El tiempo se detiene
Más allá de la mesa, lo demás no existe

Comentarios

Anónimo dijo…
las largas platicas, las risas, las inclinaciones ideológicas y hedonistas, incluso el momento en que se difiere.. los argumentos, las bromas para aligerar tensiones (Si es que se causan) ...
hace tanto que no conozco a alguien con quien platicar así.. sin que dicha persona sea egocéntrica..será tal vez, que mi "umbral de estimulación" es más alto de lo común..jaja a veces quisiera ser "normal"

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