El hombre mediocre y Obama

(Publicado el 22/1/2009, el día que ganó Obama fue un día para celebrar, como dice el último párrafo de este texto, y este año, 2019, sigue siendo un año para celebrar el triunfo de López Obrador, le pese a Fox, Calderón y a los panistas y priistas. Son triunfos que hacen creer que el mundo puede ser diferente)



Ayer tomó posesión de la presidencia de los Estados Unidos, Barak Obama, y muchas personas en el mundo estuvieron al tanto de toda la ceremonia.

El día anterior al de ayer se recordó la memoria de Martin Luther King, y al mismo tiempo recordé un libro llamado “El hombre mediocre” de José Ingenieros.

Un fragmento del libro subraya:

“Individualmente considerada, la mediocridad podrá definirse como una ausencia de características personales que permitan distinguir al individuo en su sociedad. Ésta ofrece a todos un mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades; basta reunir cien hombres para que ellos coincidan en lo impersonal: "Juntad mil genios en un Concilio y tendréis el alma de un mediocre". Esas palabras denuncian lo que en cada hombre no pertenece a él mismo y que, al sumarse muchos, se revela por el bajo nivel de las opiniones colectivas.
La personalidad individual comienza en el punto preciso donde cada uno se diferencia de los demás; en muchos hombres ese punto es simplemente imaginario. Por ese motivo, al clasificar los caracteres humanos, se ha comprendido la necesidad de separar a los que carecen de rasgos característicos: productos adventicios del medio, de las circunstancias, de la educación que se les suministra, de las personas que los tutelan, de las cosas que los rodean. "Indiferentes" ha llamado Ribot a los que viven sin que se advierta su existencia. La sociedad piensa y quiere por ellos. No tienen voz, sino eco. No hay líneas definidas ni en su propia sombra, que es, apenas, una penumbra.
Cruzan el mundo a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharles esa osadía de existir en vano, como contrabandistas de la vida”.

La sociedad o el mundo, a través de la familia, los amigos del barrio, la televisión, etc., nos inculcan o conducen a creer en esas sentencias, que ni se nos ocurra pensar de manera distinta, nos empujan a creer quizá de forma inconsciente que nuestra voz sólo es un eco (carecemos de voz propia).

Por esta razón, ante tantos temerosos de que alguien les reproche existir, ante tantos imitadores del que va enfrente, ante tantos contrabandistas de la vida, resulta significativo que el Sr. Obama asuma el papel de presidente del país más poderoso (aún, como dicen los que saben) después de toda una historia por demás inverosímil. Su familia, su niñez, los lugares donde vivió, su carrera política, lo han mostrado como un hombre con personalidad, como un hombre que se ha resistido a ser parte de la masa, empezando por vivir y creer y trabajar sin pensar en el color de su piel.

En eso creía el pastor Martin Luther King, otro hombre renuente a ser una estadística, otro hombre con luz propia. Ese era su sueño, el que describió en 1963, en la capital de su país: “...algún día la gente no será juzgada por el color de su piel, sino por su carácter”.

Muchos periodistas y analistas de opinión dijeron que si Obama ganó fue porque sus discursos no se centraron en su raza...hoy escuchaba a muchos de esos mismos periodistas y analistas de opinión, decir que no hubo nada trascendente en su discurso.

Creo que la gran mayoría de la gente negra que lo escuchó y celebró con él en todo el mundo, no esperaba un mensaje fuera de lo común o un gran discurso.

Para ellos, Barak Obama es en sí mismo el mensaje fuera de lo común, él es el gran discurso que fueron a ver a Washington, él , su misma persona, representa el día que soñó Luther King.

Para quienes creemos que las cosas pueden ser mejores, que vale la pena andar por caminos que no se han caminado, que se debe buscar la propia voz y la propia individualidad, ayer fue una razón para celebrar...y podemos continuar hoy.

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