El caminante



Hubo una vez un hombre que caminaba,
le gustaba caminar

Hubo un tiempo que este hombre
solía caminar buscando entender,
quizá olvidar, quizá buscaba redención,
o quizá buscando cómo perdonar

En este afán de aclarar sus ideas,
buscaba algún parque o sendero solitario

No era de saludar a los demás
caminantes, solo por cortesía

No era lo suyo saludar a desconocidos
y tampoco le parecía sincero
responder al saludo de desconocidos

Y casi siempre se salía con la suya

A veces caminaba una hora
sin toparse con nadie

No obstante, nada era perfecto
A pesar de encontrar el parque
vacío de otros caminantes,
había algo que lo perturbaba

Una tontería

Pero que le hacemos,
hay de almas y almas

Las que fueron creadas para no sentir
o aprendieron a no sentir
o aparentar que no sienten
y otras, que sienten y lo manifiestan,
que sienten y corren el riesgo

He aquí que este hombre que buscaba
no ser perturbado en sus cavilaciones,
un día observó que cuando pasaba
cerca de unos cables de luz o cerca
de las ramas de algún árbol a la orilla
del camino, las palomas o las torcazas
que se preparaban para dormir
se sentían perturbadas por el
humano caminante que pasaba bajo ellas
y por temor o precaución,
emprendían el vuelo

Eso le dolía a este hombre

Él no quería hacerles daño
¿porqué huían entonces?

Pero la naturaleza es así
A veces es más fuerte el miedo
que la razón,
es más fuerte el instinto de
supervivencia
que la realidad

Tal vez una cosa es la intención
que uno tiene, y otra cosa
es lo que se ve en el rostro,
que puede ser amenazador

Espero que alguna vez se den cuenta,
dijo para sí,
espero que alguna vez mi rostro
refleje realmente que
lo único que quiero es caminar
sin perturbarlas,
que lo único que siempre
he querido ha sido
pasar sin perturbar
el descanso de una torcaza








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