Ocho y medio. La película y el café.


Hoy he visto la película ocho y medio de Federico Fellini, con Marcelo Mastroiani y Claudia Cardinale, un clásico italiano.

Una metáfora, una alegoría de la vida de un hombre maduro.

A través de la preparación de la futura película de un director, se ven pasajes de la vida del mismo, pasajes que desea incluir en la película. Se observa la elección del casting, la relación del director con el productor, la construcción de la escenografía, la asesoría que recibe de un crítico, y demás.

Sin embargo, la preparación de la película se combina con la vida amorosa del director y sus reflexiones acerca de lo que ha sido su vida, sus sueños, sus dudas, su contricción por haber vivido en la mentira, y finalmente la decisión de si seguir adelante con la película o detenerla y al mismo tiempo, corregir algo de lo que ha estado haciendo mal.

Es fascinante la labor del director para organizar algunas secuencias en donde intervienen decenas de personas, sincronizar los diálogos, el uso de la música formal, como la famosa cabalgata de las Valkirias de Wagner. Las reminiscencias del pasado, como isi nisi masa, las palabras mágicas en los juegos con sus hermanos o la simpática bailarina de cumbia que conoció en su pre-pubertad.

Tema aparte, aunque me parece que es lo central, quien sabe si tenga parte de autobiográfica, merece la relación del director (personaje de la película) con sus mujeres: la esposa, la hermana (observadora divertida de los deslices del hermano), la amante, las actrices, las amigas de los amigos, etc. Hermosa la actriz principal de la película (dentro de la película), una joven Claudia Cardinale o la esposa, qué mujer más elegante con esos lentes de armazón oscura y pelo corto (qué pena pensar que haya algunos hombres que piensen que las mujeres con pelo corto no son femeninas). Anouk Aimée quien aparece también en la película Un hombre y una mujer, de la cual también ya hice un comentario. Link.




En fin que, una surrealista, reflexiva y excelente película.

Hacia la parte final de la película, el director está hablando con su hermana y ahí empieza a cuestionar las razones de hacer tal película, y adjunto algunas de las ideas, las cuales hasta cierto punto hago mías, y tal vez, para muchos cincuentones sea algo que tarde o temprano hemos pensado.

"Pensaba que mis ideas estaban tan claras.
Quería hacer una película honesta.
Sin mentiras.
Pensé que tenía algo qué decir.
Algo sencillo.
Algo útil para todos.
Que ayudáse a enterrar al muerto que llevamos dentro.

¿Qué es lo que ha fallado?
¿Por qué esta tristeza?"


Guido lo aplicaba a su película.
Yo lo aplico a mi labor docente, lo aplico a este blog.
Lo apliqué a mis relaciones amorosas.


En esta ciudad, Mexicali, hay un café que tiene ese nombre. Un café al que iba hace muchos años, y al que dejé de ir después de haber tenido algunas citas con la mujer que quizá me conozca más, y tal vez eso sea tan poco, que no fue suficiente para que se quedara, o quizá, precisamente por conocerme tan bien, es que no se quiso quedar.

Y no solo es la que más sabe de mí, sino a la que he amado más.

Es aquí donde se hacen pertinentes las preguntas de ese director en sus reflexiones:

¿Qué es lo que falló?
¿Por qué esta tristeza?"


Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Porqué Zangaruto?

Una muerte inútil.

Baila...y cállate