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Mostrando las entradas de noviembre, 2018

Reflexiones convectivas

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"Quien dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón" Fito Paez Hace unas semanas fui invitado a un foro de Matemáticas dentro de un evento de fomento al desarrollo de las matemáticas y la lectura en el bachillerato donde he trabajado por 18 años. Cada uno de los panelistas se presentó, algunos de matemáticas y también de otras asignaturas, pues de lo que se trataba era decir a los estudiantes cómo uśabamos las matemáticas en la vida ordinaria. Y cuando escuché lo que los demás profesores habían hecho, sobre todo, cómo habían llegado a la docencia y cómo había sido su desempeño como estudiantes, me di cuenta que la vida había sido (ha sido y lo sigue siendo) generosa conmigo, ya que sin haber sido buen estudiante, estaba yo allí, junto a docentes que sí habían sido buenos alumnos. Creo que sentí un poco de vergüenza. Y en general, lo mismo en la otra escuela, he tenido la sensación de no estar haciendo lo suficiente, que si alguna vez fui bueno en lo

El arte y los campos vectoriales

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Un campo vectorial es una representación gráfica del comportamiento de una cantidad física en el espacio, las flechas indican la magnitud de esa cantidad física, así como su dirección, en un punto de una región. Puede haber campos vectoriales de velocidad del viento, usados en meteorología, o de campo magnético o eléctrico para entender fenómenos en electromagnetismo, y así. Hace unos días fui a San Diego. Caminé por el puerto y en una de las calles cercanas, a un costado del acceso a un edificio, encontré esta especie de escultura. Es probable que para muchas personas, sólo sea un amontonamiento de tiras de metal o madera. No obstante, seguramente, si por esa avenida, hubieran pasado matemáticos famosos como Green o Stokes, o algunos de los padres del electromagnetismo como Maxwell o Faraday, seguro que habrían pensado que el gobierno de la ciudad se había dado a la estupenda tarea de llevar la física y las matemáticas al ciudadano común, a la gente de a pie, a travé

Luna de noviembre

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Luna de noviembre vestida de nube como vela encendida en la noche del tiempo Callada, enigmática Cubres tu misterio con delgados estratos y con tu luz descubres los secretos de los mortales No importa Eres, Luna de noviembre, como cuando se está con alguien ante quien un puede estar desnudo y confiado Eres amante eres consuelo eres amada

Dos pájaros

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El fin de semana vi dos pájaros dos aves magníficas Una era de carne y hueso la otra era de poesía y canción Son dimensiones distintas pero ambas son reales

La niebla

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La mitad de mi niñez la recuerdo en dos lugares donde la niebla era algo cotidiano. El pueblo de mi madre, Atzalan, donde casi todo el año había niebla, por lo menos en las mañanas, pero en invierno todo el día había niebla. Muchas veces esa niebla estaba bañada de una lluvia muy fina, la llovizna. Eran días de guardar, de guardar el cuerpo tomando café o atole y garnachas de de Doña Serafina, las garnachas eran un platillo de dioses. Tortillas freídas en aceite y bañadas con salsa y carne de res deshebrada. Podía comerme más de cinco en una noche. Pero si se salía a la calle, al menos a comprar las garnachas, caminar en medio de la niebla, y bañarse con la llovizna era como si esa lluvia fina no sólo mojara el rostro, sino también el alma, y fuera como agua para la hierba, le comunicaba vida. No sé porqué, pero uno se sentía bien, mojándose con la llovizna en medio de la neblina. Y otro lugar que recuerdo cubierto de neblina, es la ciudad donde nací, Xalapa. Recue

El niño Joaquín y el secreto de Dios

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Joaquín era un niño diferente. Jugaba como los demás, corría, se dormía cansado y comía muchos dulces. Pero era diferente. Veía cosas que los demás no veían. Decía por ejemplo, que los ríos eran venas, las venas del cuerpo de un gigante poderoso llamado Tierra, que las mariposas eran pequeñas navecitas de felicidad, que los sueños eran cuentos que la mente nos contaba para que no nos aburriéramos, y así, veía todas las cosas de forma diferente. Su madre, una buena señora, lo escuchaba y ponía atención a sus historias, y aunque a veces se preocupaba, le habían dicho que pronto se le pasaría. Sin embargo, había algo que llamaba poderosamente su atención. Las palmeras. Siempre había sospechado que eran algo especial, pero no sabía qué era. Las contemplaba todo el día, cada vez que podía. Pensaba que eran algo más que árboles de playa o que dan cocos. Y todas las veces que las había contemplado no había notado nada distinto de lo que se sabía de ellas, no obstante, su insti