Ave Fénix



A veces la vida nos acerca
a situaciones que quitan
el aliento, aceleran el corazón,
ponen el rostro blanco
y hacen pasar en un instante
todo lo que fue y lo que
pudo haber sido.

A veces la vida nos previene
nos avisa, nos recuerda
que la vida es corta,
que los planes son sólo eso,
y que puede ser otra la realidad
en un segundo.

A veces la vida es generosa
y nos da una cachetada
para hacernos despertar
del letargo en el que podemos
caer de pensar que
todo está resuelto,
que todo está escrito.

Y como alguien dijo:
en el mundo, la única constante
es el cambio.

Pero no por eso se debe pensar
en no correr riesgos,
en no vivir.

Más bien, hay que hacerlo,
pero pensando que a pesar
de las precauciones que se
puedan tomar, las cuáles
pueden no haber sido suficientes,
por ignorancia u otra razón,
siempre habrá imprevistos,
singularidades, puntos de inflexión,
que provoquen un resultado
inesperado.

Y me acuerdo de aquellas palabras
del poeta:

"confieso que he vivido..."

Si bien, no se trata de esperar lo peor
cuando uno sale de su zona de confort,
si es necesario aprender que las cosas
pueden no salir como se esperan
y que aún el resultado menos esperado,
la muerte, es parte de la vida,
y que llega en cualquier momento,
aún en las circunstancias
más controladas.

Hay que vivir pues,
planeando,
pero sabiendo que los resultados
no siempre dependen de nosotros.

Vivir es un arte y es necesario
aprender de los mejores
para aprovechar cada resquicio
de luz, cada pizca de aroma,
la última ceniza de sabor.

Veo el pasado y veo que
he vivido.

Entre varias, tuve
una excelente maestra


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