Una sombra a las 5 de la tarde



Estos últimos días, cuando llego al trabajo, por ahí de las 5 de la tarde, en el trayecto del estacionamiento al salón de clase, el sol me pega en la espalda y por unos metros,
veo de frente cómo mi sombra va caminando, avanzando ni lento ni deprisa y con un portafolios en una mano.

No es una sombra demasiado larga ni demasiado corta.

En un instante fue como si me hubiera desprendido de mí, y me hubiera visto a mí mismo desde afuera.

Y vi que esa sombra no era amenazante, no era tímida, ni pequeña ni grande, ni gorda ni flaca.

Vi una sombra confiada, completa. Vi una sombra fuerte, bien definida.

Me vi siguiendo esa sombra y pensé que seguirla, era ir en una buena dirección.


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