Me encanta Dios

Frecuentemente miro al cielo, casi siempre lo hago en el receso de 10 minutos, entre clase y clase. Y el cielo siempre me sorprende.

La otra vez que vi esta imagen, de inmediato pensé que seguramente en ese momento había ocurrido algo importante: que un niño había caído en un pozo, que una viejita se ahogaba con un bocado o que era necesario salvar a un país de un gobierno corrupto. En fin, algo que le hiciera a Dios, dejar lo que estaba haciendo e ir de inmediato a atender la urgencia.

Sólo de esa manera se puede entender que esa mañana, Dios haya dejado a medio limpiar el cielo de esa delgada capa de nubes.





"Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente.  

A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. 

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble".

De Jaime Sabines

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