Dos sacerdotes...y un profesor

 Leí ayer una nota de unos hechos ocurridos en Guerrero:

"Matan a dos sacerdotes en ataque armado"

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En otro sitio de noticias se leía que "habían matado a dos sacerdotes y un profesor".

¿Cuál habrá sido el criterio para que en el primer sitio de noticias se considerara que la muerte del profesor era secundaria y por lo tanto podía omitirse del encabezado?

Tal vez es de más peso noticioso poner como noticia de 8 columnas que mataron a dos sacerdotes, que hablar de la muerte de un profesor. Hay niveles, dirían los clásicos.

Y quizá ese es el problema de este país. Si algún político dijo en estos últimos años de gobierno peñista y antes, calderonista y foxista, que los profesores eran importantes, pues eso sólo quedó en el papel. Se les busca cuando son tiempos de elecciones, y se les reclama el bajo rendimiento académico de los alumnos. Bajo el estigma de que "todos" los profesores son unos grilleros y que no trabajan, se les denigra y se les trata sin respeto, a tal punto que para la opinión pública, vale más un sacerdote que un maestro.

Para los profesores que leerán esta nota periodística y que buscan hacer bien su trabajo, sólo queda seguir intentando actuar con dignidad y hacer lo posible porque en el aula ocurra el aprendizaje.

Lo cierto es también, que para algunos, estas omisiones, esta indiferencia hacen que uno muera un poco, no nada más por el desgaste normal en el aula, sino también por no ser persona para el mundo.

Como pasa en una de las escenas finales de la película 187 con Samuel L. Jackson encarnado al Profesor G, como le decían los alumnos.



Unos alumnos, con bastantes problemas, de la preparatoria donde trabajaba, irrumpen en su casa con armas buscando vengarse por la muerte de uno de ellos y lo obligan a dispararse a sí mismo como un juego de ruleta rusa. El líder de la banda le propone que por turnos vean quien es elegido por la muerte. Primero es el turno del profesor, y no muere. Luego es el turno del muchacho, y tampoco muere. Hay otra ronda donde tampoco el profesor muere y en la segunda vez que le toca al muchacho, éste duda porque piensa que  tal vez le toque a él. Como pasan los segundos y el muchacho no se anima a jalar el gatillo, el profesor le dice que tomará su turno, jala el gatillo una vez y no muere, lo jala otra vez y tampoco. Entonces le dice a los tres muchachos:


- No pueden matarme, yo ya estoy muerto. Me mataron cuando me arrebataron todo lo que tenía (este profesor había sufrido un atentado de homicidio por un estudiante en otra escuela) al querer asesinarme.

Una buena película que plantea que es muy fácil quitarle la seguridad, la confianza, a un profesor que intenta abrir las mentes y fortalecer las voluntades.

Con esta reflexión, mañana iniciamos clases, aunque para muchos, los docentes seamos invisibles mientras no causemos problemas, no cometamos un error o muramos de copilotos de un par de sacerdotes.

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