Una vendedora de caricias que leía a Benedetti

Las personas lo marcan a uno
los acontencimientos
las canciones
las películas

Tenía algo menos de 30 años cuando vi esta película,
El lado oscuro del corazón. Iba a decir que en ese tiempo
estaba solo, pero en realidad, ahora lo veo claro,
siempre he vivido así. Y no es queja, sólo es para aclarar
los hechos.


Fue un parteaguas. Me abrió la puerta a la poesía.
Me hizo ver a la soledad sin miedo,
me hizo perder miedo a ser nadie.
Me mostró que la vida como tal no es buscar el éxito,
al menos, no como nos lo vende la sociedad común
y corriente.

Me quedé embobado con los días grises
y las calles oscuras de Buenos Aires y Montevideo,
con las palabras escritas de Benedetti y Oneti,
me quedé admirado de la simplicidad con la que se puede vivir
dejando a un lado toda esa parafernalia de
querer agradar a los demás,
me quedé prendado de los cabellos
rizados y la figura y la sonrisa de esa Puta,
a la cual, la película hace de ese título
algo así como un nombre propio,
tan hermosa como irreductible en sus ideas.

Y esa banda sonora de la película,
tan claustrofóbica y desgarradora
como misteriosa, y al mismo tiempo,
de una ternura desbordante,
pero sin empalagos.

Fue una especie de identificación
con ese poeta, que tal parece
que su vida, consistía en incertidumbre
e idealismo, buscando a una mujer que vuela,
y conviviendo a diario con la muerte.

Y al final, no cura su soledad,
sólo se adapta a los límites que la vida
le pone.

Y en ese mismo sentido, hace varias semanas
que no dejo de tener en la memoria esa
entrañable canción, Vendedora de caricias,
que es como himno de Panteón Rococó
a esas mujeres que no se venden,
que sólo se alquilan y gustan de la poesía.



"Vendedora de caricias, ayúdame a olvidarla
que esta noche estoy muy solo y no quiero recordarla" 

"Tengo una soledad tan concurrida...
ya mi rostro de vos cierra los ojos..."

"Porqué decidiste permanecer pobre
dejándome a mí tan rico"






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