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La mitad de una luna llena



Venía de San Diego, y como a las 10 de la noche,
salí de la autopista y entré a la interestatal 98.

En el cielo, a mano izquierda se veía una Media Luna,
a veces desnuda, a veces con un velo muy delgado.

Ahí estuvo por un rato. Yo seguía a un coche
a unos 500 m y tras de mí venía otro, más o menos
a la misma distancia. Nadie quería pasar a nadie,
todos respetando las distancias.

Luego de unos minutos, la ruta dio un giro a la izquierda,
y entonces la Luna quedó de frente, como si fuéramos
hacia ella.

Teniéndola ahí enfrente por casi media hora,
fue un tiempo para considerar que, 
no recordaba alguna canción o poema
acerca de una Media Luna, creciente o menguante.

Pensaba que esta noche no había que preocuparse
por licántropos o por vampiros. 
No salen con el asteroide iluminado a la mitad,
igual que la inspiración de los poetas.

Tal vez, así como resulta sin chiste una Luna
a la mitad, así nos resulta sin sentido o sin valor
el amor incompleto o truncado, 
ese amor no correspondido que bien podría
ser como un amor por la mitad.

Es el mundo o la sociedad que nos empuja al
todo o nada, y no quedarnos con las mitades, 
con las medias tintas.

Dicen que una verdad a medias es una mentira
completa. Luego, ¿qué? 
Una Media Luna
es una luna de mentira. 
Chale!!!

Y pensé, y pensé, y pensé...


Pues que se joda el mundo
y los poetas.

Me gustó esa Media Luna.

Y considerando que en el mes hay más Medias Lunas
que lunas llenas, quizá el mundo sería un mejor
lugar si en lugar de esmerarnos por esperar 
las lunas completas, le tomáramos
aprecio a las lunas a medias.

Quizá así le daríamos más sentido
a las medias historias,
a los medios amores,
a las medias verdades.

Quizá así hallaríamos 
belleza en la imperfección,
en lo no acabado,
en lo truncado.



Vi una Media Luna
y me vi atraído 
por lo no acabado
por lo partido.

Vi en el cielo
una Media Luna,
y luego vi 
adentro,
un corazón,
un corazón medio muerto,
vivo a medias.

Una Media Luna,
no obstante,
una luna todavía.

Un corazón 
medianamente vivo,
pero aún, un corazón.





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