Cerezos en flor

Los caminos de Dios son inescrutables, reza un fragmento de la biblia. Difícilmente uno sabe lo que ocurrirá a la vuelta de la esquina. De pronto, cuanto más seguro se está de algo, en un momento todo cambia. Lo estable es inestable. En un momento eres importante, y de improviso te deshaces en la nada. De pronto estás dando tumbos y luego ocurre algo que te recompone. Como encontrar por accidente a una exalumna que a mitad de la conversación te dice que la vida no tendría mucho sentido si no pasaran eventos desagradables que le mueven a uno el tapete. Cierto. Y luego, me encuentro con esta película.


La vida, las relaciones con los demás, la incapacidad para entender lo que el otro necesita, la incapacidad para decir lo que uno desea, el amor a destiempo, el arrepentimiento, la rutina, la búsqueda de sentido de la vida, las personas que viven contigo una vida y no te conocen, las personas que conoces por un rato y te abrazan el alma. la condescendencia de la sociedad en la que vivimos de que las cosas tengan que ser según los usos y costumbres condenando a unos a vivir en una jaula, la libertad de la danza, el aprecio por la belleza, la simplicidad.

Me acordé de la mujer que no he conocido, me acordé del desamor y la incomprensión que he visto a uno y otro lado, me acordé de que aún así he amado a quienes he podido, así como este hombre que a través de su mujer recompuso su vida amando a los que tenía cerca.

Me acordé de Japón, me acordé de los cerezos, me acordé que fui feliz.






 




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