El gatopardismo y el compromiso

Hace unos días salió a la luz algo que ya se sospechaba, que ya se intuía.

Que el gobierno espiaba. Se supo que espiaba a todos, no a los sospechosos de cometer delitos, sino que todos los ciudadanos eran susceptibles de serlo. En especial, se supo que espiaba a aquéllos que hacían el trabajo que debía hacer el gobierno, periodistas y defensores de los derechos humanos.


De inmediato, como ha pasado con muchas noticias relevantes y que ponen en entredicho lo que el gobierno debería estar haciendo, empezando por la misma secretaría de gobernación, salió diciendo que "no había pruebas". Vaya, no que no era cierto, sino que no había pruebas.

Cuando los periodistas y los ciudadanos espiados denunciaron y comenzó a decirse en todos los medios y ante el inevitable señalamiento de que el único que podía hacerlo era el gobierno, comenzó la estrategia para controlar los daños. No el reconocimiento de la culpa o del error, de ninguna manera. Fue como el ladrón que es sorprendido in fraganti, la gente empieza a gritar que lo atrapen, y el mismo ladrón también empieza a gritar lo mismo, que lo atrapen.

"Que todo cambie, para que las cosas sigan igual" Gatopardismo

Salió Ivonne Ortega, intengrante del CEN del PRI, denunciando que ella era espiada.

Luego el mismo presidente, antes de amenazar a todo aquél que dijera que el gobierno era espiado, dijo que él también se sentía espiado.

Finalmente, es posible que la estrategia de aventar otra "bomba" para distraer la atención también se utilizó. Al no haber capos que campturar ni exgobernadores que exhibir, se le encomendó a Elba Esther Gordillo que hiciera el trabajo sucio. Y entonces la señora denunció a el que la sustituyó como secretario del SNTE, de malversación de los recursos.

Ajá, escupir para arriba, darse baños de pureza, como se le quiera decir.

Es decir, toda la estrategia del PRI corrupto, ante la denuncia de los ciudadanos de ser espiados por el mismo gobierno, lo que hacen es rasgarse las vestiduras y decir que ellos también son víctimas.

En los tiempos de Peña Nieto, me doy cuenta que al menos de los priistas visibles, no hay uno solo en el que se pueda confiar al menos un poco, ninguno por el que se dé un centavo de credibilidad.

Lejos están los políticos mexicanos, empezando por los priistas por ser gente en la que se confíe, como lo que dice el expresidente sudamericano José Mujica.

Lo peor es que los ciudadanos de a pie actuamos de manera similar. Los referentes (gobernantes, profesores, sacerdotes) que deberíamos tener, al corromperse, hacen que uno diga, y yo porqué no.

Hace poco leí una nota que escribí por ahí en 2007, cuando decidí dejar el culto católico, cualquier culto y seguir caminando por mi cuenta. Una de las razones por las que dejé de asistir a la iglesia fue entender que desde que era niño y hasta ese momento, 30 años después, me habían dicho que había que vivir entregando el alma, hablando con verdad y hacer valer esa palabra.

No lo he logrado al 100%, he fallado, pero aún creo en ello. Me he caído, me he levantado, recogido los pedazos, remendado los girones y sigo pensando lo mismo:

Ofrecer el corazón y creyendo en el sueño de Mujica que es mi sueño,
ofrecer mi palabra como documento y mi mano como contrato.

Y aún más, ¿para qué entrar a un aula sino para ofrecer el corazón?

¿Quién dijo que todo está perdido?










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