La ternura.

Veía hace no mucho un video, donde el Papa Francisco, en una conferencia Ted hablaba entre otras cosas acerca de la ternura, que por cierto, en italiano se dice tenerezza, con ese sonido tz para decir las dos z's juntas, y que tiene una sonoridad muy bonita. Decía el Papa acerca de la tenerezza que más que asociarla con debilidad, por pensar inmediatamente en una caricia, debía asociarse con una especie de fortaleza, que según él, la ternura era una capacidad para aproximarse al otro haciéndose como el otro, poniéndose al nivel del otro, significaba estar con el otro, caminar con el otro.

Últimamente he recordado mi niñez y me doy cuenta que tuve dos grandes influencias, mi abuela materna y abuelo paterno. Ellos me dieron mis primeras lecciones de tenerezza. No fueron charlas, lecciones habladas, fue aprender viendo, imitando.

Luego, recordando la adolescencia, entiendo que por diversas circunstancias, de pronto me vi visitando un asilo de ancianos los viernes, debido a las actividades de labor social que hacía con jóvenes de un grupo católico, e incluso visitando o acompañando a señoras mayores después de las reuniones en la iglesia. Recuerdo a Doña Celes, una señora chiquita, que cuando abrazaba era como si se acurrucara en el pecho de uno, y siempre con una sonrisa en la cara.

Como profesor, no he podido pensar siquiera por un momento, en llegar a las aulas y no tratar a los alumnos buscando estar a su nivel, caminar con ellos, acompañarlos. No sabemos si cuando Wygotski habla de la Zona de Desarrollo Pŕoximo y el trabajo para lograr el mayor potencial del estudiante, sea una condición que exista cierta tenerezza en esa aproximación del docente con el alumno.

Japón, con todos los defectos que pueda tener como sociedad, tiene algo a su favor. Los viejos viven con dignidad sus últimos años.




La dignidad con la que los viejos vivan sus últimos años, debería ser una retribución a la tenerezza que ellos nos enseñaron.

Agradezco a esos maestros que he tenido.

Agradezco la noción de tenerezza.

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