Las medusas colgantes

Escrito originalmente el 22 de enero de 2011. Es curioso lo fácil que era construir una escena de los recuerdos y encontrar analogías. Encontrar ritmos y tiempos, cuando se amaba. 
Pero después de las primeras dos muertes, según la serie Dark, la de la ingenuidad y la de la inocencia, resulta difícil.


Estaba ahí sentado esperando, viendo a través del cristal que dividía al restaurante del patio. La vista era agradable, algunos jardines, un gran árbol y una alberca en el medio con el agua iluminada y quieta. Al fondo, las habitaciones del hotel.

Recordaba la primera vez que se vieron, hace un año. La forma circunstancial como se encontraron. La forma en que se gustaron, la forma en que se amaron y la forma en que se despidieron.

Sin preguntas incómodas por el pasado y sin planes para el futuro. Sólo un hombre y una mujer en el medio del espacio y del tiempo. Allí habían cenado hace un año. Allí se habían visto más en calma después del primer encuentro.

Él no dejaba de admirar la piel blanca de ella, su cabello rubio y sus lunares, es cierto, en la mujer a veces hay atributos físicos más evidentes, pero además de esos, tenía predilección por los lunares.

Ella lo estudiaba, veía a través de sus ojos, lugares y emociones que posiblemente él no conocía. Lo estudiaba no como el geólogo que intenta extraer información de la roca entre sus manos, lo veía más bien como el niño que se interesa en algo que no había visto nunca.

Así cenaron, platicando con sus bocas y con sus ojos y con sus manos, con sus distancias. Y luego, en la habitación, se observaron otra vez, se tocaron, conocieron sus texturas, se olieron, se probaron, se midieron.

Ahí en el cristal, él volvía a vivir esas escenas de hace un año. Su vista se dirigía hacia afuera del restaurante, pero su mente se quedaba en el cristal imaginando como su boca y sus dedos caminaban por la piel de la rubia.

Estar allí, esperándola, imaginándola, tan real era pensar en el aroma de su cabello como reales parecían las medusas suspendidas en el techo que en forma de lámparas se dispersaban en el salón del restaurante.





Comentarios

Anónimo dijo…
y así es como siempre intentamos volver al lugar donde alguna vez fuimos felices, deseando que las circunstancias se repitan, intentando propiciar un déja vu..

hermoso =)
gracias por compartirlo
Anónimo dijo…
y es así como intentamos volver al lugar en donde alguna vez fuimos felices, deseando profundamente que las circunstancias se repitan, intentando propiciar un déja vu...

me gustó mucho..
hermoso =) gracias por compartirlo

Entradas más populares de este blog

¿Porqué Zangaruto?

Una muerte inútil.

Las camisas Ralph Lauren