El hombre seguro


(Publicado el 1/2/2010)


Me impresionan ciertas personas que tienden a decir la última palabra en las conversaciones, hombres o mujeres. Personas que no titubean en lo que dicen y que, mirando a los ojos, con amplio dominio del espacio en el que están, el tronco erguido y una voz clara dictan el camino a seguir, la decisión que se debe tomar o quien se queda o se va.

No temen a equivocarse, o dicen que sí temen, pero que su papel es el de nunca mostrar titubeo o duda, pues eso sería un signo claro de inseguridad y cobardía. Y si se equivocan, es un daño colateral que de ser posible nunca se debe reconocer. Confían, en ese caso que Dios los perdonará o la sociedad misma, puesto que la intención era buena.

Ahí tenemos a algunos comunicadores, analistas de opinión, López Dóriga, Ciro Gómez Leyva, José Cárdenas, por citar algunos. O qué decir de los políticos o los líderes religiosos.

En mi vida he conocido a hombres y mujeres que viven bajo estos principios. Y muchas veces los vi como un ejemplo a seguir. Yo deseaba adquirir ese aplomo, esa capacidad para ser “valemadrista” hasta cierto punto.

¿En qué grado el hombre seguro renuncia a la humildad, a la falacia de pensar que se conoce todo o se sabe todo? ¿Qué tanto de ese reconocimiento de las limitaciones propias hay en esa frase del pensador griego: yo sólo sé que no sé nada?

Los años pasan y uno va entendiendo las cosas y a las personas, redimensiona las actitudes de los demás y las coloca en el lugar que les toca. Se rompen los ídolos y finalmente se observa el material del que están hechos este tipo de personas, del mismo que los inseguros y cobardes.

Ahora que soy profesor, me doy cuenta que mis estudiantes aprenden más de un profesor que no pretende tener la última palabra, que se equivoca y lo reconoce, que de uno que prefiere equivocarse y callar por miedo a perder la autoridad.

No creo que la seguridad en sí mismo sea equivalente a ser deshonesto, pero hasta el momento, no he conocido a alguien con esa actitud al cual yo me quiera parecer. Prefiero ser un honesto inseguro que intenta guiar, pero sin pretender tenerlas todas consigo.


Comentarios

Anónimo dijo…
Tiene razón. Es muchas veces mejor ser una persona con principios, sin importar que tan marcada tenga su seguridad. Es más gratificante consigo mismo, prestarle atención a las cosas que realmente nos interesan. Nunca es bueno mostrar seguridad -pisando a los demás- Es muy bajo esa clase de acciones.
Jazmín dijo…
Amén.

Dicen que se puede cometer un error, pero que se comete uno peor al no reconocerlo... y yo estoy de acuedo. La manera en que una persona puede abrirte la perspectiva sobre un tema en el que creía tener la verdad absoluta es una sensación enriquecedora; los que se imaginan infalibles jamás podrían experimentarla... y eso es triste.

Saludos maestro!! Un placer leer su blog, como siempre ^^

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